PARAJES SECRETOS
Esta propuesta fotográfica habla de lugares que, sin saber el motivo, nos conmueven. En la mayoría de ocasiones el entendimiento humano no es capaz de discernir la razón de porqué un espacio en concreto causa diferentes percepciones a la persona que lo observa o transita por él.
De hecho, hay dos maneras de relacionarse con un espacio. Una como espectador, es decir, cuando se mira un lugar desde una posición contemplativa sin invadirlo ni modificarlo y la segunda como actor, cuando la persona entra en un ámbito interaccionando con el espacio ya sea de manera involuntaria como por ejemplo caminando por él o voluntariamente con el propósito de modificarlo deliberadamente.
Usualmente edificios religiosos, palacios, audiencias, antiguas fortificaciones, jardines son ejemplos de arquitecturas y espacios expresamente diseñados para esta función: la de impresionar a las personas que los visitan. Pongamos por ejemplo las sensaciones que tenemos cuando visitamos Santa Sofia (Estambul), Treptower Park (Berlín) o Sacsayhuamán (Cuzco)…
Igualmente encontramos lugares que la naturaleza, de una manera espontánea, ha conseguido exactamente el mismo efecto, pero supuestamente sin ningún propósito. Estos sitios nos han emocionado y a veces turbado: paisajes dulces, montañas agrestes, cataratas amenazadoras, acantilados de vértigo. Muestras de estos lugares serían las Cataratas de Iguazú (Argentina/Brasil), Cuevas de Zugarramurdi (Navarra), la Playa de las Catedrales (Galicia)… No obstante, debemos tener en cuenta que lugares más modestos provocan las mismas turbaciones. A menudo sitios escondidos en cualquier recodo pueden tener tanto o más magnetismo que grandes monumentos o que lugares silvestres espectaculares.
Del mismo modo que el síndrome de Stendhal turba la mente a través de la belleza, existen determinados parajes que causan emociones trastornando la conciencia.
La ciencia explica que fisiológicamente las emociones provocan reacciones del sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino. Éste, de una manera inconsciente, dispersa hormonas por todo el cuerpo haciendo que, a veces, perturben la sensatez y de una manera aparentemente mágica transporten a la persona a un mundo de sensaciones irracionales.
Por otro lado, los conocimientos aprendidos referenciados a una cultura y un tiempo concreto y las emociones sensoriales, éstas más universales, compilan en la mente un conjunto de «inputs» que también ayudan al observador a relacionar un lugar con referentes cognitivos que habitan en algún pliegue de su cerebro provocándole diferentes estados de ánimo.
Estas perturbaciones pueden llegar a derivar en cuadros clínicos que pueden ir desde un simple mareo, pasando por una taquicardia hasta diagnósticos más severos.
Las fotografías de esta serie se refieren estas sensaciones enigmáticas que suceden en lugares donde la casualidad o la intencionalidad los ha configurado de tal manera que afectan a las personas que los observan o que deambulan por ellos y les hace sentir sin motivo aparente múltiples percepciones. Unas agradables, suaves, delicadas, placenteras, otras inciertas, inquietantes, repulsivas, turbadoras. Todo dependerá del entorno observado y de la persona que recibe las sensaciones del lugar concreto.
El tono de las imágenes en blanco y negro junto con el tipo de papel empleado en el copiado mate con un aspecto aterciopelado y la exposición en clave baja remarcando la oscuridad, acaban por conferir a la obra un aspecto misterioso que invita al espectador a descubrir detalles ocultos en las fotografias.
MEDIDAS: 40 X 40 cm sobre papel 50 x 60 cm
NÚMERO DE IMÁGENES: 80 (en progreso)
PAPEL: Hahnemühlemat. Copia Giclée
