ALTARES (2014..)
Debemos adentrarnos en la noche de los tiempos para encontrar las primeras construcciones que podrían denominarse altares. Todas las civilizaciones han tenido la necesidad de tener un emplazamiento donde poder celebrar los rituales que la religión o el poder establecido ordenaban. Éste era un lugar normalmente elevado para que todo el mundo pudiera verlo y de alguna manera participar. Estas estructuras se denominan altares que viene del latín altare que significa elevación.
Así pues los primeros altares sólo eran un montón de piedras dispuestas una encima de la otra para ganar altura. Más tarde se hicieron de madera, una especie de mesa que se podía transportar de un sitio a otro, finalmente la confección de los altares se realizó en piedras nobles como el mármol, granito… que es tal y como los conocemos hoy en día.
Pueden situarse en un espacio abierto o dentro de una construcción pero siempre ocupando un lugar prominente de tal forma que sea el centro del ritual.
Un altar es un espacio sagrado cuya intención es la de servir para la conexión con lo divino. Su esencia radica en ser un punto para las prácticas espirituales como la meditación, la introspección con uno mismo o la oración en caso de costumbres religiosas.
Pero en muchas tradiciones la mesa hace la función del altar. Encontrarse en torno a una mesa representa el deseo de ser conocidos, queridos y aceptados dentro de un grupo con una aceptación mutua y un vínculo emocional profundo.
La propuesta “Altares” no quiere representar sólo los tabernáculos destinados a usos religiosos, sino también a los que congregan a personas a su alrededor para celebrar en comunión alguna efeméride, acontecimiento, suceso… o quizá solo para hacer un encuentro sin ningún ánimo de ritualizar nada.
Cualquier circunstancia de las antes mencionadas implica un concepto básico de la condición humana: reunirse en comunidad.
Absoltamente en todas las culturas y épocas tanto sea por bien o por mal el hecho de congregarse en torno a una mesa, altar o cualquier otra construcción ha sido una de las características de la humanidad. Éste es el hecho que me ha hecho reflexionar sobre cuál es el impulso instintivo de supervivencia que nos hace animales corporativos.
Según la etología, ciencia que estudia el comportamiento animal, la conducta del ser humano se basa en dos pautas que dirigen las acciones que lleva a cabo, son la innata (instinto) o la aprendida (conocimiento adquirido o descubierto).
Ésta fue la conclusión durante que muchos años prevaleció. Actualmente se piensa que en muchos casos los actos que realiza el ser humano tienen parte de las dos pautas: la instintiva y la aprendida. La finalidad es la supervivencia del individuo y/o de la especie.
Los etólogos afirman que la sociabilidad humana no es sólo un hecho cultural, sino una adaptación biológica imprescindible para nuestra supervivencia.
MEDIDAS: 50 X 50 cm
NÚMERO DE IMÁGENES: 24 (en progreso)
Copias 40 x 40 sobre papel 50 x 60
Papel Hahnemühlemat. copia Giclée
